11 septiembre 2009

Al Centro Parte VII (Panama)



Nuestra ruta hacia Panama fue mas extensa de lo pensado en un principio. Todo comenzo con demoras, ya que debimos esperar dos horas al bus que nos llevaria desde Puerto Viejo hacia Sixaola, en la frontera. En la espera pudimos conocer a una mujer nicaraguense, campesina, que venia hasta Costa Rica a vender productos textiles. Tambien a un costarricense que viajaba asiduamente a Panama a vender productos de librería. Mientras la señora, de cara arrugada y manos curtidas, probablemente por su trabajo en el campo, se mostraba antenta y cortez, el hombre tenia caracteristicas tipicas de un vendedor, muchas historias poco creibles y una sonrisa un tanto falsa.
La ruta estaba destruida por lo que la velocidad era reducida y a esto sumado que realizamos algunas paradas en el camino. Una de ellas en Bribri, un pequeño poblado indigena que parecia pintoresco. Sin embargo luego de aquella parada, tuvimos que lamentar que a Aingeru le robaran su telefono celular. Un poco de distraccion lleva a que ocurren estas cuestiones, que por suerte no paso a mayores.
La frontera nos recibio con una tormenta tropical, mientras cruzabamos un destruido puente sobre el rio Sixaola, que nos llevaria a Panama.
Alli subimos a una pequeña combi que nos debia dejar en el puerto de Almirante. La ruta era montañosa con altos árboles sobre las laderas. Al pasar esta zona, llegamos al embarcadero para tomar una lancha hacia Bocas del Toro.
El mar estaba movido pero solo serian 45 minutos hasta el destino. El cielo estaba tapado y amenzaba con largar otro aguacero. Mientras recorriamos el camino, podiamos divisar una gran cantidad de islas e isletas, rodeando una enorme bahia.
El archipielago de Bocas del Toro, consta de dos grandes islas, Colon y Bastimentos y otras tantas más pequeñas como Carenero, Pastor, Cayo Coral o Cayos Zapatillas. Sin embargo, la mayor parte de los alojamientos se ubican en Colon y alli fue donde bajamos de la lancha.
La Isla Colon, capital de la provincia de Bocas del Toro y la mas populosa, probablemente tenga la mayor parte de sus ingresos del turismo. Se advertía bastante orden y prolijidad en las calles. Las casas, en su mayoria de madera, de una sola planta.
El hostal era una reciclada casa de estilo ingles, toda de madera y pintada de color amarillo. Acogedor, cómodo y limpio por lo que otra vez fue acertada la decision de quedarnos alli.
Mientras caminabamos por la calle principal, comenzamos a indagar sobre opciones para aprovechar nuestra estadia. Teniamos intenciones de recorrer las otras islas, por ello nos interiorizamos sobre las excursiones y los precios.
La mañana siguiente se habia desatado una copiosa lluvia que no nos permitio seguir con nuestros planes. Mientras tomaba mate, analizabamos que opciones existian de persistir el agua. Sobre el mediodia, habia bajado la intensidad por lo que decidimos cruzar hasta la cercana isla Carenero, que podiamos divisar desde el hostel.
Alli, caminando recorrimos los escasos metros que formaban la isla, mientras los locales miraban sorprendidos como nos mojabamos. Luego encontramos un bar, hostel, restaurant, un hibrido extraño con un muelle de madera y unos trampolines. Decidimos disfrutar lo que restaba del dia divirtiéndonos en este pequeño parque acuatico.
Por la noche llegaria la sorpresa. Mientras preparabamos la comida con Aingeru, Raquel y Txen, se acercaron con unos pañuelos rojos. Era el dia que comenzaban las fiestas de San Fermin en Pamplona, por lo que habria que festejar en honor, aun estando a miles de kilometros de distancia.
Esa misma noche nos pudimos divertir contando anecdotas con dos catalanes y dos argentinos que se hospedaban en el hostel. Algunos se habian conocido en el camino y los otros viajaban solos, pero lo que nos acercaba eran las ganas de cambiar experiencias. Cada uno con su acento, su estilo, su vocabulario y sus cuentos, pero todos disfrutando de un grato momento, de esos que suelen darse en un viaje.
Domingo 5 de julio. Amanecio soleado por lo que decidimos aprovechar para realizar la excursion a las restantes islas. Negociando los precios, habiamos conseguido una tarifa mas que accesible para un dia completo de recorrida.
Asi fue que nos embarcamos en la pequeña lancha con destino a la Bahía de los deflines. Alli pudimos divisar varios delfines dando vueltas a nuestro alrededor, en un show realmente increible y natural. Indudablemente es totalmente diferente verlos en su habitat natural, libres, que observarlos atrapados en un oceanario.
Continuando por el camino, arribamos a Cayo Coral, unas pequeñas isletas que rodean la Isla Bastimento. Era tiempo de realizar un poco de snorkeling.
La experiencia de bucear en aguas claras es inigualable ya que se pueden observar una enorme cantidad de peces coloridos, estrellas de mar y corales, entre otros. Sin duda existe una marcada biodiversidad en todo el archipiélago, por lo que por espacio de una hora disfrutamos de la posibilidad de estar en contacto con el colorido mundo marino del caribe.
Luego, regresamos a la lancha para dirigirnos a la Playa Red Frog en la Isla Bastimento. El sol asomaba tibiamente mientras caminabamos hacia este lugar. Un buen baño en el mar, un almuerzo liviano y un breve descanso tirados en la arena.
La vuelta, ya al atardecer con el mar un tanto embravecido y una fina llovizna, nos encontró cansados pero felices por un dia cargado de actividades y aventuras.
Por la noche, seria la despedida de mis amigos de Pamplona. Ellos partirían rumbo a Nicaragua mientras que yo, hasta ese momento, había decidido continuar recorriendo Panamá.

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